¿Qué es el Partido de la Rosa?

El partido político del ex grupo guerrillero FARC ha introducido la rosa roja en la política colombiana, abandonando el comunismo por el simbolismo socialdemócrata.

No se sabe si esto significa que las FARC promoverán los principios socialdemócratas en lugar de los comunistas, esto lo determina la nueva dirección política del grupo.

El Partido de la Rosa

El recién fundado partido político se ha negado a abandonar sus siglas, asociadas durante mucho tiempo al intento de revolución armada del antiguo grupo guerrillero inspirado por el difunto Fidel Castro.

El partido también insiste en que es una fuerza revolucionaria, lo que hace fácil asociar los objetivos finales de las FARC con regímenes autocráticos como el de la Cuba y Venezuela.

Tanto Cuba como Venezuela se han convertido en sinónimos de la interpretación no democrática de Carlos Marx introducida a principios del siglo XX por Vladimir Lenin en lo que más tarde se convertiría en la Unión Soviética.

La rosa recién adoptada por el grupo,  es un símbolo asociado a los partidos socialdemócratas moderados y ampliamente aceptados en toda Europa y en la Argentina.

A diferencia de Cuba y Venezuela, los partidos rojos de Europa y Argentina han formado parte del establecimiento político democrático durante más de medio siglo. En Gran Bretaña, por ejemplo, la rosa ha sido utilizada por el Partido Laborista. 

En Argentina, ha sido utilizada por el Partido Socialista, no obstante, a ninguno de los dos partidos le interesa el control absoluto del Estado como en Cuba y Venezuela.

De hecho, la naturaleza colectivista del partido político de las FARC es menos jerárquica que la de los partidos tradicionales de Colombia, que han estado durante mucho tiempo firmemente controlados por las élites políticas.

Sin embargo, esto no significa que los miembros de las FARC quieran necesariamente que el partido permanezca fiel a principios democráticos como el pluralismo.

Sólo significa que el partido quiere ser la voz de los excluidos, de los sin voz, de los que viven en la miseria, como dijo a la prensa a mediados de agosto el recién elegido líder del partido, Luciano Marín, más conocido como Iván Márquez.

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Los colombianos deben aceptar que este grupo de las FARC,  ya no son terroristas

Una tormenta que llenó de hielo las calles de Bogotá, fue el segundo evento extraño del día en la capital de Colombia. El primero tuvo lugar en la sala de conferencias de un hotel, donde las FARC, un ejército guerrillero convertido en partido político, anunció sus candidatos a las elecciones presidenciales y parlamentarias que se celebraron en 2018. 

Ante una pantalla en la que se veía el nuevo logotipo del Pacífico de las FARC, una rosa con una estrella roja en el centro, sus líderes hicieron lo posible por parecer políticos normales. Imelda Daza, la candidata a la vicepresidencia, prometió un modelo de gobierno más inclusivo que superaría la pobreza, el hambre y las barreras a la educación.

La mayoría de los colombianos conocen a las FARC como un ejército sin ley, cuya guerra de 52 años contra el Estado fue el centro de un conflicto que causó más de 200.000 muertos y 7 millones de desplazados. El partido no se esfuerza por ocultar sus orígenes.

Su nuevo nombre, la Fuerza Revolucionaria Alternativa del Pueblo, utiliza el viejo acrónimo manchado de sangre. Su candidato presidencial, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, ha liderado las FARC desde 2011. 

Aunque se ha convertido en un pacificador, es buscado por los Estados Unidos por tráfico de cocaína, secuestro y asesinato. Las FARC permanecen en la lista de terroristas del Departamento de Estado bajo su antiguo nombre.

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